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sábado, 22 de febrero de 2014

PREPARACIÓN 
PARA LA CELEBRACIÓN ANUAL 
DE LA PASCUA DEL SEÑOR






la cuaresma


 "La celebración anual de la cuaresma es un tiempo favorable, durante el cual se asciende a la santa montaña de la Pascua".

"El tiempo de cuaresma, con su doble carácter, prepara tanto a los catecúmenos como a los fieles en orden a la celebración del misterio pascual. Los catecúmenos se encaminan hacia los sacramentos de la iniciación cristiana, tanto por la "elección" y los "escrutinios", como por la catequesis; los fieles, por su parte, dedicándose con más asiduidad a escuchar la Palabra de Dios y a la oración, y mediante la penitencia, se preparan a renovar sus promesas bautismales"[1].

  "El tiempo de Cuaresma conserva su carácter penitencial"[2]. "Incúlquese a los fieles por medio de la catequesis la naturaleza propia de la penitencia, que junto con las consecuencias sociales del pecado, detesta el mismo pecado en cuanto es ofensa a Dios"[3].
La virtud de la penitencia y su práctica son siempre elementos necesarios de la preparación pascual: la práctica externa de la penitencia, tanto de los individuos como de toda la comunidad ha de ser el resultado de la conversión del corazón. Esta práctica, si bien debe acomodarse a las circunstancias y exigencias de nuestro tiempo, sin embargo no puede prescindir del espíritu de la penitencia evangélica, y ha de orientarse también al bien de los hermanos.
No se olvide tampoco de la participación de la Iglesia en la acción penitencial, e insístase en la oración por los pecadores, introduciéndola frecuentemente en la oración universal[4].

  Recomiéndase a los fieles una participación más intensa y más fructuosa en la liturgia cuaresmal y en las celebraciones penitenciales. Exhórteseles, sobre todo, para que, según la ley y las tradiciones de la Iglesia, se acerquen en este tiempo al sacramento de la Penitencia, y puedan así participar con el alma purificada en los misterios pascuales. Es muy conveniente que el sacramento de la Penitencia se celebre, durante el tiempo de Cuaresma, según el rito para reconciliar varios penitentes con la confesión y absolución individual, tal como viene indicado en el Ritual Romano[5].
Los pastores estarán más disponibles para el ejercicio del ministerio de la reconciliación, y darán facilidades para celebrar el sacramento de la Penitencia ampliando los horarios para las confesiones individuales.

  El miércoles que precede al primer domingo de Cuaresma, los fieles cristianos inician con la imposición de la ceniza el tiempo establecido para la purificación del espíritu. Con este signo penitencial, que viene de la tradición bíblica y se ha mantenido hasta hoy en la costumbre de la Iglesia, se quiere significar la condición del hombre pecador, que confiesa externamente su culpa ante el Señor y expresa su voluntad interior de conversión, confiando en que el Señor se muestre compasivo para con él. Con este mismo signo comienza el camino de su conversión que culminará con la celebración del sacramento de la Penitencia, en los días que preceden a la Pascua[6].

La bendición e imposición de la ceniza se puede hacer o durante la Misa o fuera de la misma. En este caso se inicia con la liturgia de la Palabra y se concluye en la oración de los fieles[7].

  El miércoles de ceniza es un día penitencial obligatorio para toda la Iglesia y que comporta la abstinencia y el ayuno[8].

  El Domingo I de Cuaresma es el comienzo del venerable sacramento de la observancia cuaresmal anual[9]. En la Misa de este día utilícense elementos que subrayen su importancia, por ejemplo la procesión de entrada con el canto de las letanías de los Santos[10] . Es conveniente que el Obispo celebre dentro de la Misa del Domingo I de Cuaresma el rito de la elección de los catecúmenos en la iglesia catedral o en otra iglesia, de acuerdo con las exigencias pastorales.[11]

FIESTAS PASCUALES, Sda. Cong. Culto Divino,  nn 6 – 14 – 15 – 21 – 22 - 23


[1] Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 429.
[2] Pablo VI, Const. Apost. Paenitemini. II, 1 AAS 58 (1966) 183.
[3]  Caeremoniale episcoporum, n. 251.
[4] Cf. Ibidem, n. 251; Conc. Vat. II, Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium, n. 109.
[5] Caeremoniale episcoporum, n. 251.
[6] Cf. Caeremoniale episcoporum, n.253.
[7] Misal Romano, Miércoles de Ceniza.
[8] Pablo VI, Const. Apost. Paenitemini. II, 1 AAS 58 (1966) 138. Código de Derecho Canónico, can. 1251.
[9] Misal Romano, Domingo I de Cuaresma, oración colecta y sobre ofrendas.
[10] Cf. Caeremoniale epicoporum, n.261.
[11] Cf. Ibidem. nn. 408-410.

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