PREPARACIÓN
PARA LA CELEBRACIÓN ANUAL
DE LA PASCUA DEL SEÑOR
la cuaresma
"La celebración anual de la cuaresma es
un tiempo favorable, durante el cual se asciende a la santa montaña de la
Pascua".
"El tiempo de
cuaresma, con su doble carácter, prepara tanto a los catecúmenos como a los
fieles en orden a la celebración del misterio pascual. Los catecúmenos se
encaminan hacia los sacramentos de la iniciación cristiana, tanto por la
"elección" y los "escrutinios", como por la catequesis; los
fieles, por su parte, dedicándose con más asiduidad a escuchar la Palabra de
Dios y a la oración, y mediante la penitencia, se preparan a renovar sus
promesas bautismales"[1].
"El tiempo de Cuaresma conserva su
carácter penitencial"[2].
"Incúlquese a los fieles por medio de la catequesis la naturaleza propia
de la penitencia, que junto con las consecuencias sociales del pecado, detesta
el mismo pecado en cuanto es ofensa a Dios"[3].
La virtud de la penitencia
y su práctica son siempre elementos necesarios de la preparación pascual: la
práctica externa de la penitencia, tanto de los individuos como de toda la
comunidad ha de ser el resultado de la conversión del corazón. Esta práctica,
si bien debe acomodarse a las circunstancias y exigencias de nuestro tiempo,
sin embargo no puede prescindir del espíritu de la penitencia evangélica, y ha
de orientarse también al bien de los hermanos.
No se olvide tampoco de la
participación de la Iglesia en la acción penitencial, e insístase en la oración
por los pecadores, introduciéndola frecuentemente en la oración universal[4].
Recomiéndase a los fieles una participación
más intensa y más fructuosa en la liturgia cuaresmal y en las celebraciones
penitenciales. Exhórteseles, sobre todo, para que, según la ley y las
tradiciones de la Iglesia, se acerquen en este tiempo al sacramento de la
Penitencia, y puedan así participar con el alma purificada en los misterios
pascuales. Es muy conveniente que el sacramento de la Penitencia se celebre,
durante el tiempo de Cuaresma, según el rito para reconciliar varios penitentes
con la confesión y absolución individual, tal como viene indicado en el Ritual
Romano[5].
Los pastores estarán más
disponibles para el ejercicio del ministerio de la reconciliación, y darán
facilidades para celebrar el sacramento de la Penitencia ampliando los horarios
para las confesiones individuales.
El
miércoles que precede al primer domingo de Cuaresma, los fieles cristianos
inician con la imposición de la ceniza el tiempo establecido para la
purificación del espíritu. Con este signo penitencial, que viene de la
tradición bíblica y se ha mantenido hasta hoy en la costumbre de la Iglesia, se
quiere significar la condición del hombre pecador, que confiesa externamente su
culpa ante el Señor y expresa su voluntad interior de conversión, confiando en
que el Señor se muestre compasivo para con él. Con este mismo signo comienza el
camino de su conversión que culminará con la celebración del sacramento de la
Penitencia, en los días que preceden a la Pascua[6].
La bendición e imposición
de la ceniza se puede hacer o durante la Misa o fuera de la misma. En este caso
se inicia con la liturgia de la Palabra y se concluye en la oración de los
fieles[7].
El
miércoles de ceniza es un día penitencial obligatorio para toda la Iglesia y
que comporta la abstinencia y el ayuno[8].
El
Domingo I de Cuaresma es el comienzo del venerable sacramento de la observancia
cuaresmal anual[9].
En la Misa de este día utilícense elementos que subrayen su importancia, por
ejemplo la procesión de entrada con el canto de las letanías de los Santos[10]
. Es conveniente que el Obispo celebre dentro de la Misa del Domingo I de
Cuaresma el rito de la elección de los catecúmenos en la iglesia catedral o en
otra iglesia, de acuerdo con las exigencias pastorales.[11]
FIESTAS PASCUALES, Sda. Cong. Culto Divino,
nn 6 – 14 – 15 – 21 – 22 - 23
[1]
Cf. Caeremoniale episcoporum, n. 429.
[2]
Pablo VI, Const. Apost. Paenitemini.
II, 1 AAS 58 (1966) 183.
[3] Caeremoniale episcoporum, n. 251.
[4] Cf. Ibidem, n. 251; Conc. Vat. II,
Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum
Concilium, n. 109.
[5]
Caeremoniale episcoporum, n. 251.
[6]
Cf. Caeremoniale episcoporum, n.253.
[7]
Misal Romano, Miércoles de Ceniza.
[8]
Pablo VI, Const. Apost. Paenitemini.
II, 1 AAS 58 (1966) 138. Código de Derecho Canónico, can. 1251.
[9]
Misal Romano, Domingo I de Cuaresma, oración colecta y sobre ofrendas.
[10]
Cf. Caeremoniale epicoporum, n.261.
[11]
Cf. Ibidem. nn. 408-410.

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