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lunes, 10 de marzo de 2014


CUARESMA
SUBIDA A LA PASCUA

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II semana     16 al  22 de marzo

Alimentar nuestro espíritu con la Palabra de Dios
purificando nuestra mirada, podamos contemplar a Cristo


El Señor ha manifestado su gloria en la Montaña Santa. Su rostro resplandece como el sol. Es un anticipo de su pascua, es hacia donde caminamos los cristianos. Para poder ver el rostro de Cristo debemos purificar nuestra mirada.


 La contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado! Si no fuese así, vana sería nuestra predicación y vana nuestra fe (cf. 1 Co 15,14). La resurrección fue la respuesta del Padre a la obediencia de Cristo, como recuerda la Carta a los Hebreos: « El cual, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas al que podía salvarle de la muerte, fue escuchado por su actitud reverente, y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen » (5,7-9).
La Iglesia mira ahora a Cristo resucitado. Lo hace siguiendo los pasos de Pedro, que lloró por haberle renegado y retomó su camino confesando, con comprensible temor, su amor a Cristo: « Tú sabes que te quiero » (Jn 21,15.17). Lo hace unida a Pablo, que lo encontró en el camino de Damasco y quedó impactado por él: « Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia »


Señor, que descienda tu amor sobre nosotros.

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