CUARESMA
SUBIDA A LA PASCUA
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V semana
6 al 12 de abril
Imitar la
caridad de Jesucristo
que por amor al mundo se entrego a la muerte
Vivir
la pascua significa hacerse uno con Cristo.
Si su
Pascua es entrega a la voluntad del Padre y donación de su vida para que
tengamos vida en El, el cristiano deberá imitarlo en su obediencia al Padre y
en la entrega a los hermanos.
El grito de Jesús en la cruz, no delata la angustia de un
desesperado, sino la oración del Hijo que ofrece su vida al Padre en el amor
para la salvación de todos. Mientras se identifica con nuestro pecado, «
abandonado » por el Padre, él se « abandona » en las manos del Padre. Fija sus
ojos en el Padre. Precisamente por el conocimiento y la experiencia que sólo él
tiene de Dios, incluso en este momento de oscuridad ve limpidamente la gravedad
del pecado y sufre por esto. Sólo él, que ve al Padre y lo goza plenamente,
valora profundamente qué significa resistir con el pecado a su amor. Antes aun,
y mucho más que en el cuerpo, su pasión es sufrimiento atroz del alma. La
tradición teológica no ha evitado preguntarse cómo Jesús pudiera vivir a la vez
la unión profunda con el Padre, fuente naturalmente de alegría y felicidad, y
la agonía hasta el grito de abandono.
En el Señor
se encuentra la misericordia.

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