A M B Ó N
La dignidad de la Palabra de Dios, exige que
en la iglesia haya un lugar adecuado desde
donde se la anuncie, y hacia el cual converja
espontáneamente la atención de los fieles, durante la liturgia de la
Palabra.
Conviene que en general este lugar sea
un ambón fijo y no un simple atril movible. El ambón, según la estructura de
cada iglesia, debe estar dispuesto de tal manera que los ministros ordenados y los lectores
puedan ser cómodamente vistos y oídos por los fieles.
Desde el ambón se proclaman únicamente
las lecturas, el salmo responsorial y el pregón pascual; también desde él
pueden hacerse la homilía y las intenciones de la oración universal. La dignidad del ambón exige que sólo suba a él un ministro
de la Palabra.
Es conveniente que el
ambón nuevo sea bendecido, antes de ser destinado al uso litúrgico, según el
rito descrito en el Ritual Romano.

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