
2 de febrero
LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
Mis ojos han visto la salvación
Cuarenta días después de la Navidad, celebramos la presentación de
Jesús en el Templo en brazos de sus padres María y José.
Esta fiesta es como la conclusión definitiva del ciclo natalicio, y por ser fiesta del Señor, aunque caiga en
Domingo, se la celebra.
La celebración de Jesús en el Templo, se celebraba ya a fines del
siglo IV en Jerusalén, según testimonio de la peregrina Egeria, en el día
cuadragésimo de la Epifanía. En el siglo V se añadió la procesión de los
cirios. Luego se fue extendiendo a la Iglesia de Oriente, donde se llamó
‹‹hypapante››, ‹‹encuentro››: entre Jesús y el anciano Simeón.
En Roma entró en el siglo VII, ahora a los cuarenta días de la
Navidad. Al principio se le dio el mismo nombre griego ‹‹hypapante››, pero
luego se derivó más hacia el recuerdo de la ‹‹Purificación››, de Santa María.
El nuevo calendario (1969) ha preferido el título cristocéntrico de
‹‹Presentación del Señor››, que se expresa con riqueza de resonancias bíblicas
en los nuevos textos de la Misa y de la Liturgia de las Horas.
La presentación de Jesús en el Templo ‹‹lo muestra como el
Primogénito que pertenece al Señor. Con Simeón y Ana, toda la expectación de
Israel es la que viene al encuentro de su Salvador. Jesús es reconocido como el
Mesías tan esperado, luz de las naciones y gloria de Israel, pero también signo
de contradicción. La espada del dolor predicha a María anuncia otra oblación,
perfecta y única, la de la Cruz, que dará la salvación que Dios ha preparado
para todos los pueblos ›› (CEC 529).
La misa de este día tiene la particularidad de la procesión y la
bendición de las candelas (por eso se llama popularmente de la Candelaria),
subrayando la importancia simbólica del encuentro de Jesús, Luz que alumbra las
naciones, con el Templo de Jerusalén, y con los justos representados por el
anciano Simeón, la profetisa Ana, y también sus padres. Esta fiesta ‹‹debe ser
considerada, para poder asimilar plenamente su amplísimo contenido, como
memoria conjunta del Hijo y de la Madre, es decir, celebración de un misterio
de la salvación realizada por Cristo, al cual la Virgen estuvo íntimamente
unida como madre del Siervo doliente de Yhavé, como ejecutora de una misión
referida al antiguo Israel y como modelo del nuevo pueblo de Dios,
constantemente probado en la fe y la esperanza, por el sufrimiento y la
persecución›› (Pablo VI, MC7:E4375).
En esta escena aparece María la ‹‹Virgen oferente››, en continuidad
con la actitud oferente del mismo Hijo de Dios desde su encarnación, con la
perspectiva de la ofrenda de la cruz, y en medio, el anuncio de Simeón sobre la
universalidad de la salvación en Cristo, luz que alumbra a las naciones, y la
colaboración de su Madre María, a la que una espada de dolor le atravesará el
alma (cf. MC 20:E 4388)
Fuente: Diccionario Básico de Liturgia. José Aldazábal. CPL
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