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viernes, 24 de enero de 2014





2 de febrero

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

Mis ojos han visto la salvación


Cuarenta días después de la Navidad, celebramos la presentación de Jesús en el Templo en brazos de sus padres María y José.
Esta fiesta es como la conclusión definitiva del ciclo natalicio, y por ser fiesta del Señor, aunque caiga en Domingo, se la celebra.

La celebración de Jesús en el Templo, se celebraba ya a fines del siglo IV en Jerusalén, según testimonio de la peregrina Egeria, en el día cuadragésimo de la Epifanía. En el siglo V se añadió la procesión de los cirios. Luego se fue extendiendo a la Iglesia de Oriente, donde se llamó ‹‹hypapante››, ‹‹encuentro››: entre Jesús y el anciano Simeón.

En Roma entró en el siglo VII, ahora a los cuarenta días de la Navidad. Al principio se le dio el mismo nombre griego ‹‹hypapante››, pero luego se derivó más hacia el recuerdo de la ‹‹Purificación››, de Santa María. El nuevo calendario (1969) ha preferido el título cristocéntrico de ‹‹Presentación del Señor››, que se expresa con riqueza de resonancias bíblicas en los nuevos textos de la Misa y de la Liturgia de las Horas.

La presentación de Jesús en el Templo ‹‹lo muestra como el Primogénito que pertenece al Señor. Con Simeón y Ana, toda la expectación de Israel es la que viene al encuentro de su Salvador. Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, luz de las naciones y gloria de Israel, pero también signo de contradicción. La espada del dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz, que dará la salvación que Dios ha preparado para todos los pueblos ›› (CEC 529).

La misa de este día tiene la particularidad de la procesión y la bendición de las candelas (por eso se llama popularmente de la Candelaria), subrayando la importancia simbólica del encuentro de Jesús, Luz que alumbra las naciones, con el Templo de Jerusalén, y con los justos representados por el anciano Simeón, la profetisa Ana, y también sus padres. Esta fiesta ‹‹debe ser considerada, para poder asimilar plenamente su amplísimo contenido, como memoria conjunta del Hijo y de la Madre, es decir, celebración de un misterio de la salvación realizada por Cristo, al cual la Virgen estuvo íntimamente unida como madre del Siervo doliente de Yhavé, como ejecutora de una misión referida al antiguo Israel y como modelo del nuevo pueblo de Dios, constantemente probado en la fe y la esperanza, por el sufrimiento y la persecución›› (Pablo VI, MC7:E4375).

En esta escena aparece María la ‹‹Virgen oferente››, en continuidad con la actitud oferente del mismo Hijo de Dios desde su encarnación, con la perspectiva de la ofrenda de la cruz, y en medio, el anuncio de Simeón sobre la universalidad de la salvación en Cristo, luz que alumbra a las naciones, y la colaboración de su Madre María, a la que una espada de dolor le atravesará el alma (cf. MC 20:E 4388)



Fuente: Diccionario Básico de Liturgia. José Aldazábal. CPL

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