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domingo, 10 de agosto de 2014





ASUNCIÓN 
DE MARÍA SANTÍSIMA


            La fiesta de hoy, se celebra al menos desde el siglo VI, ha recibido nombres como “Dormición”, “Glorificación” “Deposición”, “Asunción”…
            Es la fiesta “en que recordamos su destino de plenitud y bienaventuranza, la glorificación de su alma inmaculada y de su cuerpo virginal, su perfecta configuración con Cristo  resucitado. Fiesta que propone a la Iglesia  y a la humanidad la imagen y la consoladora garantía del cumplimiento de la promesa final. Pues dicha glorificación plena es el gozoso destino de todos aquellos a quiénes Cristo  ha hecho hermanos, teniendo en común con ellos la carne y la sangre” (MC 6).
            Hoy es la  fiesta del triunfo de la Virgen, de su redención total, en cuerpo y alma. Asociada a Cristo  vencedor de la muerte y del pecado, “cuando terminó el curso de su vida terrena, fue asunta en  cuerpo y alma a la gloria de los cielos” (Pío XII al proclamar el dogma). Por eso los cantos de este día están llenos de entusiasmo lírico: “es bella y hermosa la hija de Jerusalén: subió al cielo resplandeciente, como la aurora cuando amanece” (ant. del Benedictus), “Alégrense porque reina con Cristo  para siempre” (ant. del magníficat), ahora vives en la gloria de Dios (ant. de Laudes). La razón es evidente: la que desde el principio fue hecha inmaculada por Dios, la que mereció ser la madre del Mesías, era lógico que al final  fuera también distinguida con la glorificación total: “porque te has complacido, Señor, en la humildad de tu sierva, la Virgen , has querido elevarla a la dignidad de Madre de tu Hijo y la has coronado en este día de gloria y esplendor” (orac. de la vigilia y I Vísperas), “has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo”(orac. del día); “con razón no quisiste, Señor, que conociera la corrupción del sepulcro la mujer que, por obra del Espíritu Santo , concibió en su seno al autor de la vida”(prefacio).
            Esta triunfo de María se debe a su asociación  a la Pascua de Cristo . Ella ha sido totalmente ganada por la victoria de Cristo : “has querido que la Inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Cristo “ (preces de vísperas). Por eso una de las lecturas bíblicas es la de 1Cor 15, donde Pablo proclama las consecuencias de la Pascua de Cristo  sobre nosotros.
            Pero a la vez  el destino glorioso de María está íntimamente ligado al destino último de la Iglesia , y por eso la alegría de la fiesta se convierte en cierto modo en alegría por nuestra misma victoria. Se llama a la Virgen nueva Eva: “por Eva se cerraron las puertas del paraíso y por María Virgen se han vuelto  a abrir a todos” (ant. I vísperas) idea que también recoge Pío XII en la Bula Munificientissimus Deus.

            Es la fiesta de la alegría y de la esperanza, porque nos presenta en toda su medida el don de Dios y la respuesta de fe de María. El “si” de Dios, que ya empezó en la concepción inmaculada de María, lleva a su plenitud la vida de la Virgen,, que toda ella fue un “sí” y un “magníficat” a Dios. Con este misterio comienza ya y se nos da la garantía de nuestro destino de salvación.


De pie a tu derecha está la Reina, Señor

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