ASUNCIÓN
DE MARÍA SANTÍSIMA
La fiesta de hoy, se celebra al
menos desde el siglo VI, ha recibido nombres como “Dormición”, “Glorificación”
“Deposición”, “Asunción”…
Es la fiesta “en que recordamos su
destino de plenitud y bienaventuranza, la glorificación de su alma inmaculada y
de su cuerpo virginal, su perfecta configuración con Cristo resucitado. Fiesta que propone a la
Iglesia y a la humanidad la imagen y la
consoladora garantía del cumplimiento de la promesa final. Pues dicha
glorificación plena es el gozoso destino de todos aquellos a quiénes
Cristo ha hecho hermanos, teniendo en
común con ellos la carne y la sangre” (MC 6).
Hoy es la fiesta del triunfo de la Virgen, de su
redención total, en cuerpo y alma. Asociada a Cristo vencedor de la muerte y del pecado, “cuando
terminó el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria de los cielos” (Pío
XII al proclamar el dogma). Por eso los cantos de este día están llenos de
entusiasmo lírico: “es bella y hermosa la hija de Jerusalén: subió al cielo
resplandeciente, como la aurora cuando amanece” (ant. del Benedictus),
“Alégrense porque reina con Cristo para
siempre” (ant. del magníficat), ahora vives en la gloria de Dios (ant. de
Laudes). La razón es evidente: la que desde el principio fue hecha inmaculada
por Dios, la que mereció ser la madre del Mesías, era lógico que al final fuera también distinguida con la
glorificación total: “porque te has complacido, Señor, en la humildad de tu sierva,
la Virgen , has querido elevarla a la dignidad de Madre de tu Hijo y la has
coronado en este día de gloria y esplendor” (orac. de la vigilia y I Vísperas),
“has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre
de tu Hijo”(orac. del día); “con razón no quisiste, Señor, que conociera la
corrupción del sepulcro la mujer que, por obra del Espíritu Santo , concibió en
su seno al autor de la vida”(prefacio).
Esta triunfo de María se debe a su
asociación a la Pascua de Cristo . Ella
ha sido totalmente ganada por la victoria de Cristo : “has querido que la
Inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Cristo “
(preces de vísperas). Por eso una de las lecturas bíblicas es la de 1Cor 15,
donde Pablo proclama las consecuencias de la Pascua de Cristo sobre nosotros.
Pero a la vez el destino glorioso de María está íntimamente ligado al destino último de la Iglesia , y por eso la alegría de la fiesta se
convierte en cierto modo en alegría por nuestra misma victoria. Se llama a la
Virgen nueva Eva: “por Eva se cerraron las puertas del paraíso y por María
Virgen se han vuelto a abrir a todos”
(ant. I vísperas) idea que también recoge Pío XII en la Bula Munificientissimus
Deus.
Es la fiesta de la alegría y de la
esperanza, porque nos presenta en toda su medida el don de Dios y la respuesta
de fe de María. El “si” de Dios, que ya empezó en la concepción inmaculada de
María, lleva a su plenitud la vida de la Virgen,, que toda ella fue un “sí” y
un “magníficat” a Dios. Con este misterio comienza ya y se nos da la garantía
de nuestro destino de salvación.
De pie a tu derecha está la Reina,
Señor

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