BEATO
PAULO VI
GIOVANNI BATTISTA
MONTINI
Nació
en Concesio (Brescia), el 26 de septiembre de 1897.
Fue ordenado sacerdote el 29 de
mayo de 1920.
Se doctoró en filosofía y derecho civil en Roma, en derecho canónico en Milán. Prestó servicio
en la Nunciatura de Varsovia en 1923, en 1924 entró en la Secretaría de Estado.
Fue asistente eclesiástico del círculo romano de la Federación Universitaria
Católica Italiana (FUCI) y asistente nacional de 1925 a 1933. En los años 20 y 30
realizó varios viajes culturales y religiosos por Italia y el extranjero.
Durante su trabajo al servicio de la Santa Sede fue muy estimado por Pío XI y Pío XII. El 13 de diciembre de 1937 fue nombrado Sustituto de la Secretaría de Estado; entre 1930 a 1937 enseñó historia de la diplomacia pontificia en la Universidad Lateranense. En estos decenios de servicio diplomático, procuró cuidar lo más posible el ministerio sacerdotal y de guía espiritual; practicó la caridad en los barrios romanos y en las Conferencias de San Vicente.
Durante su trabajo al servicio de la Santa Sede fue muy estimado por Pío XI y Pío XII. El 13 de diciembre de 1937 fue nombrado Sustituto de la Secretaría de Estado; entre 1930 a 1937 enseñó historia de la diplomacia pontificia en la Universidad Lateranense. En estos decenios de servicio diplomático, procuró cuidar lo más posible el ministerio sacerdotal y de guía espiritual; practicó la caridad en los barrios romanos y en las Conferencias de San Vicente.
Durante la segunda guerra mundial
se ocupó de la ayuda a los refugiados y a los judíos, y dirigió la Oficina de Información del Vaticano. Cuando
termino el conflicto, colaboró en la fundación de la Asociación Católica de
Trabajadores Italianos (ACLI), siguió con interés la experiencia de nuevos
movimientos políticos de los católicos, y reforzó los primeros pasos de las
organizaciones internacionales del laicado.
El 29 de noviembre de 1952 fue
nombrado Pro-Secretario de Estado para los Asuntos Ordinarios, el 1 de
noviembre de 1954 fue nombrado Arzobispo de Milán y el 12 de diciembre fue
consagrado obispo. En su vasta y compleja diócesis buscó nuevos caminos
de evangelización para hacer frente a la creciente inmigración y a la difusión
del materialismo e de la ideología marxista, sobre todo dentro del mundo del
trabajo. Escribió a los ambrosianos nueve cartas pastorales, impulsó la
creación de 123 iglesias nuevas y condujo la Misión ciudadana más grande
realizada en el mundo católico. Viajó a los Estados Unidos de América, a Brasil
y a las misiones ambrosianas en África.
El 15 de diciembre de 1958 fue promovido a la dignidad de cardenal por san Juan
XXIII, del que era amigo desde 1925. Tuvo parte activa en los trabajos
preparatorios del Concilio Vaticano 11 y participó en el gran evento eclesial.
El 21 de junio de 1963 fue elegido
papa tomando el nombre de Pablo VI. Llevó a su término tres periodos del
Concilio, entre numerosas dificultades, animando la apertura de la Iglesia al
mundo moderno y al respeto de la tradición, y buscando siempre la unidad entre
los Padres.
Comenzó la costumbre de los viajes apostólicos y se acercó a todos los continentes, empezando por Tierra Santa, donde tuvo lugar el encuentro histórico con el patriarca ortodoxo Atenágoras. Otras metas importantes fueron: India y la ONU (1965), Fátima y Turquía (1967), Colombia (1968), Ginebra y Uganda (1969), Extremo Oriente, Australia y Oceanía (1970); realizó también numerosas peregrinaciones en Italia.
Comenzó la costumbre de los viajes apostólicos y se acercó a todos los continentes, empezando por Tierra Santa, donde tuvo lugar el encuentro histórico con el patriarca ortodoxo Atenágoras. Otras metas importantes fueron: India y la ONU (1965), Fátima y Turquía (1967), Colombia (1968), Ginebra y Uganda (1969), Extremo Oriente, Australia y Oceanía (1970); realizó también numerosas peregrinaciones en Italia.
Con su primera Encíclica, Ecclcsiam Suam (1964),
inauguró el método del «diálogo de la salvación» dentro de la Iglesia y con el
mundo. Otras encíclicas fueron las siguientes: Mysterium Fidei sobre la Eucaristía (1965); Mense Maio (1965) y Christi Matri (1966) para
implorar a la Virgen la paz en el mundo;
Populorum progressio
sobre el desarrollo de los pueblos (1967); Sacerdotalis caelibatus sobre el celibato sacerdotal
(1967); Humanae vitae sobre el matrimonio y la regulación de los
nacimientos (1968).
Aplicó los documentos del Concilio
y llevó adelante sus reformas. Dio origen a un gran Magisterio sobre la paz e
instituyó la Jornada Mundial sobre la misma.
Sufrió mucho por las crisis que
repetidamente afectaron en aquellos años al cuerpo de la Iglesia, pero
respondió con una valiente transmisión de la fe, garantizando la solidez
doctrinal en un período de cambios ideológicos (Año de la fe 1967-68 y El Credo del Pueblo de Dios, 1968)
.Manifestó una gran capacidad (le mediación en todos los campos, fue prudente
en las decisiones, tenaz en la afirmación de los principios, comprensivo hacia
las debilidades humanas.
En las varías visitas al mundo del
trabajo y con la Carta apostólica Octogesima
adveniens (1971) demostró la preocupación atenta y participativa
de la Iglesia hacia los problemas sociales. Estudió nuevos caminos para la
inculturación de la fe (Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi,
1975), compartiendo amorosamente los sufrimientos de los pobres. Defendió
los valores de la familia y de la vida contra el divorcio y el aborto. Hizo
frente a las tensiones políticas y sociales que en algunas naciones culminaron
en la época del terrorismo, y al que se opuso con discursos sinceros que
conmovieron a todo el mundo.
Tenía un carácter reservado, humilde y gentil, un ánimo confiado
y sereno, y una sensibilidad humana excepcional. Hombre de espiritualidad
profunda, basada en la Escritura, los Padres de la Iglesia y los místicos, manifestó
una fe fuerte, una esperanza indomable, una caridad cotidiana vivida con
discreción y sobriedad personal. Su oración, enraizada en la Palabra de Dios,
en la liturgia, en la adoración al Santísimo Sacramento, se fundaba en el
cristocentrismo, corroborada por una veneración significativa y ejemplar a la
Virgen (Exhortación apostólica Marialis
cultus, 1974).
Preocupado por los jóvenes desde los comienzos de su ministerio, les indicó, y a todos los fieles, los caminos de la alegría de la fe (Exhortación apostólica Gaudete in Domino, 1975) y de la «civilización del amor» (Año Santo 1975).
Preocupado por los jóvenes desde los comienzos de su ministerio, les indicó, y a todos los fieles, los caminos de la alegría de la fe (Exhortación apostólica Gaudete in Domino, 1975) y de la «civilización del amor» (Año Santo 1975).
Murió en Castel Gandolfo, el 6 de
agosto de 1978, después de una breve enfermedad, mientras recitaba el Padre Nuestro. Había
escrito un Pensamiento para la muerte
y un Testamento que
son una obra maestra de espiritualidad y amor a la Iglesia.
Benedicto XVI declaró la heroicidad
de sus virtudes el 20 de diciembre de 2012.
Francisco lo beatificó el domingo 19 de octubre de 2014.

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