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sábado, 18 de octubre de 2014

BEATO

PAULO VI



GIOVANNI BATTISTA MONTINI


Nació en Concesio (Brescia), el 26 de septiembre de 1897.
Fue ordenado sacerdote el 29 de mayo de 1920.
Se doctoró en filosofía y derecho civil en Roma, en derecho canónico en Milán. Prestó servicio en la Nunciatura de Varsovia en 1923, en 1924 entró en la Secretaría de Estado. Fue asistente eclesiástico del círculo romano de la Federación Universitaria Católica Italiana (FUCI) y asistente nacional de 1925 a 1933. En los años 20 y 30 realizó varios viajes culturales y religiosos por Italia y el extranjero.
Durante su trabajo al servicio de la Santa Sede fue muy estimado por Pío XI y Pío XII. El 13 de diciembre de 1937 fue nombrado Sustituto de la Secretaría de Estado; entre 1930 a 1937 enseñó historia de la diplomacia pontificia en la Universidad Lateranense. En estos decenios de servicio diplomático, procuró cuidar lo más posible el ministerio sacerdotal y de guía espiritual; practicó la caridad en los barrios romanos y en las Conferencias de San Vicente.
Durante la segunda guerra mundial se ocupó de la ayuda a los refugiados y a los judíos, y dirigió la Oficina de Información del Vaticano. Cuando termino el conflicto, colaboró en la fundación de la Asociación Católica de Trabajadores Italianos (ACLI), siguió con interés la experiencia de nuevos movimientos políticos de los católicos, y reforzó los primeros pasos de las organizaciones internacionales del laicado.
El 29 de noviembre de 1952 fue nombrado Pro-Secretario de Estado para los Asuntos Ordinarios, el 1 de noviembre de 1954 fue nombrado Arzobispo de Milán y el 12 de diciembre fue consagrado obispo. En su vasta y compleja diócesis buscó nuevos caminos de evangelización para hacer frente a la creciente inmigración y a la difusión del materialismo e de la ideología marxista, sobre todo dentro del mundo del trabajo. Escribió a los ambrosianos nueve cartas pastorales, impulsó la creación de 123 iglesias nuevas y condujo la Misión ciudadana más grande realizada en el mundo católico. Viajó a los Estados Unidos de América, a Brasil y a las misiones ambrosianas en África. El 15 de diciembre de 1958 fue promovido a la dignidad de cardenal por san Juan XXIII, del que era amigo desde 1925. Tuvo parte activa en los trabajos preparatorios del Concilio Vaticano 11 y participó en el gran evento eclesial.
El 21 de junio de 1963 fue elegido papa tomando el nombre de Pablo VI. Llevó a su término tres periodos del Concilio, entre numerosas dificultades, animando la apertura de la Iglesia al mundo moderno y al respeto de la tradición, y buscando siempre la unidad entre los Padres.
Comenzó la costumbre de los viajes apostólicos y se acercó a  todos los continentes, empezando por Tierra Santa, donde tuvo lugar el encuentro histórico con el patriarca ortodoxo Atenágoras. Otras metas importantes fueron: India y la ONU (1965), Fátima
y Turquía (1967), Colombia (1968), Ginebra y Uganda (1969), Extremo Oriente, Australia y Oceanía (1970); realizó también numerosas peregrinaciones en Italia.
Con su primera Encíclica, Ecclcsiam Suam (1964), inauguró el método del «diálogo de la salvación» dentro de la Iglesia y con el mundo. Otras encíclicas fueron las siguientes: Mysterium Fidei sobre la Eucaristía (1965); Mense Maio (1965) y Christi Matri (1966) para implorar a la Virgen la paz en el mundo; Populorum progressio sobre el desarrollo de los pueblos (1967); Sacerdotalis caelibatus sobre el celibato sacerdotal (1967); Humanae vitae  sobre el matrimonio y la regulación de los nacimientos (1968).
Aplicó los documentos del Concilio y llevó adelante sus reformas. Dio origen a un gran Magisterio sobre la paz e instituyó la Jornada Mundial sobre la misma.
Sufrió mucho por las crisis que repetidamente afectaron en aquellos años al cuerpo de la Iglesia, pero respondió con una valiente transmisión de la fe, garantizando la solidez doctrinal en un período de cambios ideológicos (Año de la fe 1967-68 y El Credo del Pueblo de Dios, 1968) .Manifestó una gran capacidad (le mediación en todos los campos, fue prudente en las decisiones, tenaz en la afirmación de los principios, comprensivo hacia las debilidades humanas.
En las varías visitas al mundo del trabajo y con la Carta apostólica Octogesima adveniens (1971) demostró la preocupación atenta y participativa de la Iglesia hacia los problemas sociales. Estudió nuevos caminos para la inculturación de la fe (Exhortación apostólica Evangelii  nuntiandi, 1975), compartiendo amorosamente los sufrimientos de los pobres. Defendió los valores de la familia y de la vida contra el divorcio y el aborto. Hizo frente a las tensiones políticas y sociales que en algunas naciones culminaron en la época del terrorismo, y al que se opuso con discursos sinceros que conmovieron a todo el mundo.
Tenía un carácter  reservado, humilde y gentil, un ánimo confiado y sereno, y una sensibilidad humana excepcional. Hombre de espiritualidad profunda, basada en la Escritura, los Padres de la Iglesia y los místicos, manifestó una fe fuerte, una esperanza indomable, una caridad cotidiana vivida con discreción y sobriedad personal. Su oración, enraizada en la Palabra de Dios, en la liturgia, en la adoración al Santísimo Sacramento, se fundaba en el cristocentrismo, corroborada por una veneración significativa y ejemplar a la Virgen (Exhortación apostólica Marialis cultus, 1974).
Preocupado por los jóvenes desde los comienzos de su ministerio, les indicó, y a todos los fieles, los caminos de la alegría de la fe (Exhortación apostólica Gaudete in Domino, 1975) y de la «civilización del amor» (Año Santo 1975).
Murió en Castel Gandolfo, el 6 de agosto de 1978, después de una breve enfermedad, mientras recitaba el Padre Nuestro. Había escrito un Pensamiento para la muerte y un Testamento que son una obra maestra de espiritualidad y amor a la Iglesia.
Benedicto XVI declaró la heroicidad de sus virtudes el 20 de diciembre de 2012.
Francisco lo beatificó el domingo 19 de octubre de 2014.



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