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martes, 18 de noviembre de 2014








CRISTO

K Y R I O S 



La solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, que celebramos todos los años, el último domingo de cada ciclo litúrgico, se presta a muchas consideraciones. Quizá la más frecuente consista, en resaltar de tal modo las diferencias con los reinos y poderes de este mundo, de acuerdo con la matización de Jesús: «mi reino no es de este mundo» (Jn.l8, 36), que después nos resulte del todo imposible, seguir afirmando con un mínimo de coherencia la verdadera afirmación de Jesús: «Sí, soy rey».

El anuncio insistente del Reino de de Dios y su proximidad, constituye una de las afirmaciones más novedosas y sugestivas en la predicación de Jesús. Venga tu Reino, les enseña a rezar a sus discípulos (Mt,6,l0), a ustedes se les ha dado a conocer los misterios del Reino de los cielos, les dice, al explicarles el sentido de las parábolas (Mt, 13, 11). Reino tan cercano (Mt. 3,2), que Jesús puede afirmarlo presente ya entre nosotros (Mc.17,21).

Reino, que en la experiencia vital de las primeras comunidades cristianas, no responde sólo a una mera imaginación, sino que se manifiesta como un verdadero poder (1 Coro 4,20) y que consiste en justicia, paz y gozo del Espíritu Santo (Rm. 4,17). Reino y poder de Dios, manifestado en Jesucristo, constituido Kyrios, es decir Señor, expresión definitiva de ese Reino y de ese fuerza renovadora (Jn. 5,22; Hech.lO,42; Ef.1,20).

El reconocimiento personal y la confesión pública de Jesús, como el Cristo de Dios, que hace Pedro, antes incluso de que Jesús sea glorificado, (Mi. 16,16), o la de Tomás, después de la resurrección, (Jn. 20,29), supone la vía de acceso a la experiencia del Reino. Nosotros adquirimos también la experiencia del Reino, cuando llegamos a esa misma experiencia de fe y a la confesión de que Jesús es el único Kyrios y Señor (Rm 10,9), con poder de justificarnos y hacer de nosotros hombres nuevos, divinizados. No es posible confesar que Jesús es el Señor, si no es por la acción del Espíritu Santo (1 Cor. 12,3)

Reino de Dios, y reino de los cielos, que la fe en Cristo Jesús como el Kyrios, enviado de Dios, hace presente dentro de nosotros. Reino que no coincide con los de este mundo, pero que no es menos auténtico, y experimentable. Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz.




Bendito el que viene en nombre del Señor

Bendito el Reino que ya viene,
el reino de nuestro padre David


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