CRISTO
K Y R I O S
La solemnidad de Jesucristo, Rey del
Universo, que celebramos todos los años, el último domingo de cada ciclo
litúrgico, se presta a muchas consideraciones. Quizá la más frecuente consista,
en resaltar de tal modo las difer encias
con los reinos y poderes de este mundo, de acuerdo con la matización de Jesús:
«mi reino no es de este mundo» (Jn.l8, 36), que después nos resulte del todo
imposible, seguir afirmando con un mínimo de coherencia la verdadera afirmación
de Jesús: «Sí, soy rey».
El anuncio insistente del Reino de de
Dios y su proximidad, constituye una de las afirmaciones más novedosas y
sugestivas en la predicación de Jesús. Venga tu Reino, les enseña a rezar a sus
discípulos (Mt,6,l0), a ustedes se les ha dado a conocer los misterios del
Reino de los cielos, les dice, al explicarles el sentido de las parábolas (Mt,
13, 11). Reino tan cercano (Mt. 3,2), que Jesús puede afirmarlo presente ya
entre nosotros (Mc.17,21).
Reino, que en la experiencia vital de
las primeras comunidades cristianas, no responde sólo a una mera imaginación,
sino que se manifiesta como un verdadero poder (1 Coro 4,20) y que consiste en
justicia, paz y gozo del Espíritu Santo (Rm. 4,17). Reino y poder de Dios,
manifestado en Jesucristo, constituido Kyrios, es decir Señor, expresión
definitiva de ese Reino y de ese fuerza renovadora (Jn. 5,22; Hech.lO,42;
Ef.1,20).
El reconocimiento personal y la
confesión pública de Jesús, como el Cristo de Dios, que hace Pedro, antes incluso de que Jesús sea glorificado,
(Mi. 16,16), o la de Tomás , después
de la resurrección, (Jn. 20,29), supone la vía de acceso a la experiencia del
Reino. Nosotros adquirimos también la experiencia del Reino, cuando llegamos a
esa misma experiencia de fe y a la confesión de que Jesús es el único Kyrios y
Señor (Rm 10,9), con poder de justificarnos y hacer de nosotros hombres nuevos,
divinizados. No es posible confesar que Jesús es el Señor, si no es por la
acción del Espíritu Santo (1 Cor. 12,3)
Reino de Dios, y reino de los cielos,
que la fe en Cristo Jesús como el Kyrios, enviado de Dios, hace presente dentro
de nosotros. Reino que no coincide con los de este mundo, pero que no es menos
auténtico, y experimentable. Reino de verdad y de vida, de santidad y de
gracia, de justicia, de amor y de paz.
Bendito el que
viene en nombre del Señor
Bendito el
Reino que ya viene,
el reino de
nuestro padre David

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